Mi esperanza tiene forma de delantal

Sé que este puede parecer un título cuando menos extraño, pero es la verdad. No me voy a extender demasiado en los detalles, pero el 23 de junio del año pasado mi vida se convirtió en un infierno de incertidumbre y miedo. Nuestra pequeña N, que entonces acababa de cumplir 3 años, cayó gravemente enferma y se debatía entre la vida y la muerte.

Hacía unos meses que había sido madre por segunda vez y en mis ratos libres estaba trabajando en un proyecto personal, un delantal hecho a medida para N, quien cansada de los delantales cutres para niños, me suplicaba que le comprara uno como el mío. Por entonces nos habíamos iniciado en la costumbre de cocinar juntos N, mi marido y yo. En las tardes de lluvia y los domingos perezos o para nuestras pequeñas celebraciones familiares, nos poníamos manos a la obra y preparábamos bizcochos, tortillas de patatas, galletas, muffins... y lo disfrutábamos mucho. Lo seguimos disfrutando.

Ver como mis hijas -porque la pequeña M, a pesar de su añito y medio, es la más entusiasta, sobre todo cuando se trata de chupar las sobras de chocolate del bol- van aprendiedo las recetas, los nombres de los utencilios y los ingredientes, la concentración cuando revuelven y amasan, la emoción al ver como las magdalenas empiezan a subir dentro del horno, y ese brillo de orgullo en sus ojitos al meterse un pellizquito del bizcocho en la boca y comprobar que está bueno, es algo realmente asombroso y divertido. Estos ratitos en la cocina, y después, degustando nuestras creaciones, nos han ayudado a forjar una relación increíble con ellas. No nos hace falta más, solo nosotros, unos cuantos ingredientes y un delantal.

Me tomó mucho tiempo retomar este proyecto. Ese mes que iba y venía del hospital, agotada y triste, ver ese delantal de estrellas azules colgado, a la espera de ser usado, era demasiado para mi. Y lo guardé en un cajón.

Pero todo pasó y hemos vuelto a cocinar otra vez. La vida nos ha dado una segunda oportunidad y otra vez nuestra cocina se llena de harina, risas y amor. Y N sigue creciendo, aprendiendo y cocinando con su delantal de estrellas azules.

Ahora ese delantal se ha convertido en el símbolo del tiempo precioso que tengo con mis hijas. De lo que podemos aprender juntos, crecer y estar más unidos que nunca a nuestros hijos. Este es el mensaje que yo quiero transmitir.

Aquel delantal que quise olvidar, hoy me recuerda que nunca hay que perder la esperanza.

Piñata DIY

Para el primer cumpleaños de mi pequeño terremoto M, decidí que -habiendo pasado los últimos 2 meses y pico en mi México Lindo- en su fiesta no podía faltar ¡una piñata! Obviamente aquí no iba a poder conseguir nada parecido a las piñatas de estrella de mi infancia (nada de Frozen o Peppa Pig...) así que no me quedó más remedio que hacerla yo misma (y tan contenta). Armada pues, con periódicos viejos, un globo gigante, mucho papel de china -o de seda, como lo llaman aquí- pegamento y paciencia puse en práctica el milenario arte del papel maché para crear -y perdón que yo lo diga- esta preciosidad, que además de hacer las delicias de los niños de la fiesta (que nunca habían visto una) aguantó 2 rondas de palazos enteritas antes de romperse. ¡Viva México!

¿Quieres ver el making of de la piñata? Puedes verlo en mi instagram. Ciao!

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guirnalda PERSONALIZADA

Hace unas semanas el mejor amigo de N del cole festejó sus 4 añitos, así que para celebrarlo, su #supermami organizó una fiesta por todo lo alto. Hubo invitaciones, globos, pastel, platitos y servilletas, mantel, y cómo no, guirnalda, todo a juego. El motivo de la fiesta fue el Paw Patrol, o como se llama aquí, La Patrulla Canina. Los niños estuvieron muy contentos y el pastel ¡delicioso! Aquí unas fotitos de mi granito de arena para la fiesta más guau de la temporada ;)

detalle de las letras
detalle de las letras
guirnalda y sillas

guirnalda y sillas

Zorionak Alex!
Zorionak Alex!

¡Gracias por venir! Doménica

Cucuruchos de cacahutes Aunque el gran día estaba previsto para el 13 de agosto, Doménica hizo su entrada triunfal 2 días después. Fue un parto largo, de los que hacen sufrir. No podía dejar de checar el celular, ansiosa por recibir la noticia de que mi ahijada estaba ya en brazos de mi hermana. Recuerdo haber estado despierta hasta que ¡por fin! a las 3 de la madrugada llegó la esperada llamada. ¡Qué emoción! Aunque a 10mil kilómetros de distancia, fue un día increíble y súper emocionante.

Al día siguiente empezó el desfile de visitas al hospital, cosa muy común en mi México Lindo. Así que sacaron todos estos goodies para agasajar y festejar con amigos y familia. Cacahuates japoneses, palomitas caramelizadas, botellitas de agua, gominolas y manguitos con chile (mis favoritos) todos con el elefantito morado. No pude estar ahí pero cada bolsita llevaba un poquito de mi :)

¡volaron!